VENUS
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.
«¡OH, reina rubia! ?díjele?, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.
Rubén
Darío
Este poema está
escrito con unos sentimientos muy profundos, principalmente del amor tan
intenso que tiene el autor. Además, tiene matices de olvido.
La base del poema es
una situación en la que el autor narra sus deseos más profundos de poder amar a
esa persona, que aquí se refleja mediante la luna.
En este poema hay
algunos recursos literarios:
Se localizan anáforas
en los tres primeros versos de la primera estrofa y en los dos últimos versos
de la cuarta estrofa.
Hay epítetos, como
por ejemplo, los localizados en los versos segundo y tercero de la primera
estrofa.
Se puede observar,
además, paralelismo en distintas zonas del poema, como en los dos últimos
versos del segundo párrafo.
Este poema tiene un
punto de vista moderno, con influencias del sigo XIX y siglo XX, y de sus
costumbres. Un ejemplo es la mención que hace Rubén en bajar al patio, que con
frecuencia se hacía antiguamente en los pueblos.
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